Cuando se vincula a los girasoles con el arte, sin duda se evoca a las pinturas de los girasoles de Vincent van Gogh, unas piezas de arte exhibidas en diversas galerías alrededor del mundo. Muchos artistas plásticos han intentado reproducir las pinturas de los girasoles de Vincent van Gogh, sin embargo, no han tenido mucho éxito, pues según los expertos, carecen de la vivacidad y intensidad que Van Gogh les imprime.
Con solo observar las obras de arte, se puede apreciar como una pieza puede tener influencia sobre otra. Los colores contenidos en los cuadros de girasoles son vibrantes, y las emociones que expresan están altamente vinculadas con varias etapas de la vida.
Desde el uso de amarillos muy brillantes expresando las ganas de vivir, hasta los marrones opacos y áridos que denotan la muerte, siendo esta la técnica más atractiva de la obra. Las pinturas de girasoles de Van Gogh son muy similares unas con otras en muchos aspectos, mas sin embargo, cada una de ellas se destaca como propia, siendo una verdadera obra de arte.

Después de partir desde Holanda hacia Francia, el artista plástico Van Gogh comenzó a pintar los girasoles con la finalidad de crear una comunidad de arte. Los primeros girasoles que pintó fueron un regalo para su amigo Paul Gauguin, quien los uso para decorar su dormitorio.
En los años de 1888 y 1889, el artista pinta las primeras piezas de girasol en jarrones, estando en Francia, en la ciudad de Arles. Las pinturas de los girasoles por Van Gogh cautivan la mente y dejan estupefacto a alguien en su belleza simplista, un hecho que ha cambiado la perspectiva de humanidad de arte y vida.
Las características de los tallos fluidos y ajados, sumado al arrebato de amarillo admirable, son los elementos que logran captar la atención de la audiencia alrededor de la pintura, sin que esto interfiera con el equilibrio de la pieza.
